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martes, 6 de octubre de 2020

LATÍN I: LOS PRONOMBRES (IV): LOS FÓRICOS


Llevamos algunas semanas revisando cuestiones relativas al funcionamiento de los pronombres. Si el otro día hablábamos de la deixis a partir de un clásico de la infancia –de la mía, al menos- como Barrio Sésamo y aprovechábamos después algunos tópicos de la narrativa de misterio para tratar de las personas gramaticales y los pronombres personales, hoy es el turno de la expresión de la foresis. ¿La qué? Diréis. Quizá si hablo de anáfora y catáfora os suene más familiar. O quizá no. De hecho, hace algunos años, se suscitó una agria polémica a nivel nacional porque en la prueba de Lengua de la EBAU –entonces PAU- de la Comunidad de Madrid se hizo la pregunta: “¿Qué es la anáfora?”

Pronto veréis que la pregunta no era, ni mucho menos, tan terrible. La anáfora es la relación que se establece un elemento gramatical y una palabra o grupo de palabras que aparecen antes en el discurso o, en nuestro caso, en un texto. 


Veámoslo con un ejemplo:

“Dijo que había estado allí pero no me lo creí”.

En este ejemplo lo = que había estado allí. “Lo” hace referencia a un grupo de palabras aparecidas antes en el texto, por lo que hay una anáfora.


Por su parte, la catáfora es la relación que se establece entre un elemento gramatical y una palabra o grupo de palabras que aparecen después en el discurso o, en nuestro caso, en un texto.

“Lo que dijo es esto: que renunciaba

En este ejemplo esto = que renunciaba. “Esto” hace referencia a un grupo de palabras que aparecen después en el texto, por lo que hay una catáfora.


En castellano la foresis (ya sea anáfora o catáfora) se expresa con elementos que admiten también otros usos: demostrativos, el adjetivo “dicho” en usos como “Los jóvenes, considerados culpables de vandalismo, serán castigados con la realización de tareas de limpieza. Dicha sanción comenzará el próximo mes.” (Dicha sanción = la realización de tareas de limpieza). En latín, sin embargo, la foresis se expresa, sobre todo, por medio de los llamados pronombres fóricos. Los pronombres fóricos del latín son:

1. is, ea, id (lo llamaremos FÓRICO BÁSICO)
2. ipse, ipsa, ipsum (lo llamaremos FÓRICO ENFÁTICO)
3. idem, eadem, idem (lo llamaremos FÓRICO DE IDENTIDAD)

Los tres admiten usos anafóricos (cuando se refieren a algo aparecido antes en el discurso) y catafóricos (cuando se refieren a algo que va a aparecer después en el discurso). La existencia de tres fóricos distintos obedece a otros matices.

1. is, ea, id. Es el fórico sin más. La manera ideal de traducirlo es con los pronombres átonos del castellano (“lo, la, los, las; le, les”) o el demostrativo (“este, -a, -os, -as”)
2. ipse, -a, -um. Es el fórico enfático. Hace referencia a algo mencionado antes –o después- pero poniendo de relieve que se refiere precisamente a eso y no a otra cosa. Ej: ipse Caesar “el propio César”, “César en persona”
3. idem, eadem, idem. Es el fórico de identidad. Indica que la persona o cosa a la que se refiere es igual a otra nombrada antes. Ej: eadem legio “la misma legión” (= a la legión mencionada antes)

En cuanto a su declinación, es relativamente parecida a la de los demostrativos. El plural es regular (como adjetivo tipo 2-1-2) y gen. sing. en –ius; dat. sing. en –i. Tenéis que tener en cuenta también que idem, eadem, idem se declina igual que is, ea, id y luego se le añade el formante invariable –dem


Así que sí, llevamos ya unos cuantos pronombres pero su declinación es bastante parecida entre sí.


Es mucha información de una sola vez, lo sé. Vuestra tarea es leerla una y otra vez con calma, preguntarme todo lo que no entendáis y responder a la siguiente cuestión:







¿Qué pronombre latino emplea Sam para responder a la declaración romántica de Molly (Ghost, Jerry Zucker, 1990)? ¿Qué quiere decir? ¿Es una anáfora o una catáfora? ¿Por qué?



LATÍN I: REFLEXIONANDO SOBRE LOS PRONOMBRES PERSONALES


Por aquí siempre hemos sido aficionadas al whodunit (contracción de who has done it? o, en román paladino, ¿quién lo hizo?), un subgénero muy británico de la novela detectivesca en la que la narrativa se pone al servicio del desarrollo y resolución de un enigma: ¿quién lo hizo y cómo? Como en el Cluedo, vaya. Muy frecuentemente estas historias se cierran con un encuentro del sabueso o detective (Poirot y Miss Marple de Agatha Christie, la Sra. Fletcher de Se ha escrito un crimen) y todos los sospechosos. Aquí os dejo una muestra sacada del clásico entre los clásicos, Asesinato en el Orient Express (Sidney Lumet, 1974).



Dejad volar vuestra imaginación y pensad en una escena similar y en tres posibles soluciones:


A) El detective desarrolla una compleja e intrincada teoría y acaba diciendo –en un giro de guion espectacular pero posible- “Yo lo hice”.


B) El detective desarrolla una compleja e intrincada teoría y acaba diciéndole al último sospechoso al que se dirigió: “ lo hiciste” o “Vd. lo hizo”.


C) El detective desarrolla una compleja e intrincada teoría y acaba diciendo al aire y con las manos en los bolsillos del gabán: “Él lo hizo”.
Hay una diferencia fundamental entre los casos A) y B), por un lado, y C) por otro. En A)  y B) las palabras del detective transmiten información, más o menos sorprendente, pero información. Y nosotros, lectores, vemos satisfecha nuestra necesidad de saber y damos por bien empleado el tiempo que hemos dedicado a la ficción. Pero ¿qué ocurre en C)? Volved a imaginar la escena. La reacción más usual a C) será la de desconcierto. ¿Quién? ¿Quién lo hizo? O, como dice la canción, “Y ¿quién es él?”

Pues bien, esto se debe a la diferente naturaleza de las personas gramaticales. “Yo”, “tú”, “él” son pronombres personales y se relacionan respectivamente con las personas gramaticales: primera, segunda y tercera. Como bien sabéis, las personas gramaticales identifican a los participantes en el acto de habla. La primera persona (“yo”) es el hablante, la segunda persona (“tú”) es el oyente y siempre están identificadas. En una confesión “yo lo hice” o acusación “tú lo hiciste”, nadie tendrá dudas de quién es el culpable. Pero en un eventual “Él lo hizo”, si no hay contexto que permita identificar ese “él” (e. gr. “Allí estaba el mayordomo. Él lo hizo.” Él = mayordomo) nos quedamos como estábamos. Y ello se debe a que la tercera persona (“él, ella”), es aquello de quien se habla y aquello de quien se habla o se puede hablar, mis pequeños saltamontes, es EL MUNDO. Hace falta precisar. Por esto nos encontramos con relativa frecuencia con frases sin sujeto con el verbo en primera y segunda persona –solo es posible que el sujeto sea “yo” o “tú”, así que no hay problema si se omite- pero muy raramente se omite el sujeto si el verbo está en tercera persona.

Reflexionad sobre todo esto y preguntad lo que no entendáis porque aquí están las claves para entender los pronombres personales del latín y el reflexivo se. Sobre ello seguiremos hablando en la próxima entrada.

Y, por supuesto, si tenéis ocasión, recuperad algún clásico del whodunit o, si se tercia, jugad una partida de Cluedo.


 

LATÍN I: MORFOLOGÍA NOMINAL. LOS PRONOMBRES (I)


Una de las preguntas que más me han hecho a lo largo de mi carrera como profesora es la de “y ahora que ya sabemos las cinco declinaciones, ¿qué vamos hacer?” El latín, pequeños saltamontes, es mucho más que el aprendizaje de las diferentes desinencias casuales pero es que, además, ni siquiera hemos terminado. Conocemos las cinco declinaciones –aunque seguro que la 4ª y la 5ª agradecen un repaso- pero, entre otras muchas cosas, ¡nos faltan los pronombres!

Empecemos, como siempre, por el principio. ¿Qué es un pronombre? Como su nombre latino indica, es la palabra que aparece pro nomine, ‘en lugar del nombre’. De hecho, esa es la definición que recordaréis –o no- de vuestras clases de Lengua. El pronombre sustituye al nombre y el determinante lo acompaña. De esta manera, en la oración

“Quiero esas botas rojas del escaparate”

“esas” sería un determinante que acompaña a “botas”, un T. Ady. más –o CN, en honor de nuestro querido Agapito-. Sin embargo, en el caso de que la dependienta se confunda y coja otras, le diremos algo así como

“No, no, quiero esas”.

En esta segunda oración “esas” funciona de CD (= las quiero), que es una función sintáctica propia del nombre. Ya no acompaña al nombre sino que lo sustituye.

Pues bien, la gramática tradicional del latín tiende a usar el término pronombre indistintamente tanto cuando acompaña como cuando sustituye. En latín, como en griego, y como en castellano, hay diferentes clases de pronombres que se distinguen por su forma y por su significado:

- personales y posesivos
- demostrativos
- fóricos
- indefinidos
- numerales

Trataremos de cada tipo por separado según los vayamos necesitando para trabajar sobre los textos y los primeros de los que nos ocuparemos serán los DEMOSTRATIVOS.