Ya sabéis que para los griegos el drama o teatro cumplía una función didáctica y normalmente asociamos esta a la tragedia. Antígona, Edipo Rey, Medea o Bacantes, entre otras, mostraron al ateniense del s. V a. C. adónde conducían la ruptura de los cánones o la desmesura, al desastre. Mediante la contemplación de la desgracia ajena, el público se purgaba de paso de deseos perjudiciales. O eso pretendía, al menos, la tragedia.
Sin embargo, también la comedia cumplía una función en la pólis. Se suele decir que la comedia griega se ocupa también de temas serios -al contrario que la latina- pero con un tono desenfadado. Y su maestro absoluto es Aristófanes. Podéis leer sobre él en los apuntes. Una de sus comedias más célebres es Las Nubes, en la que critica "la nueva educación" y la sofística, encarnadas en la figura de Sócrates. Con él se encuentra Estrepsíades en su -de Sócrates- escuela "el Pensadero", adonde llega decidido a aprender lo necesario para despistar a los acreedores que lo persiguen. Sin embargo, allí se muestra incapaz de aprender nada y acaba mandando a su hijo que, como descubriréis si leéis la comedia, acaba aprendiendo demasiado. ¡Ay! Aquí os dejo un par de páginas que siempre me han resultado muy divertidas.
Edición y traducción de Francisco Rodríguez Adrados y Juan Rodríguez Somolinos (Cátedra, Madrid, 1995)
Uno de los grandes motores
narrativos de la Historia de la Literatura es el del viaje. Otro es el regreso
a casa. Ambos motivos se inauguran en la Literatura Occidental con la Odisea de Homero, que narra el
accidentado regreso a Ítaca de Odiseo, “el héroe de muchos recursos”, tras la
caída de Troya.
Frente a lo que ocurría en la Ilíada, que se caracterizaba por la
unidad de tiempo y lugar, la estructura de la Odisea es bastante más sofisticada.
Los cantos I-IV suceden en Ítaca, donde Telémaco, hijo de Odiseo, se decide a buscar noticias de su padre,
largos años ausente, dada la situación desesperada de su madre Penélope,
acosada por los pretendientes.
Los cantos V-VIII nos presentan, por fin, a Odiseo, que parte de la isla de Calipso, donde llevaba varios años retenido. Tras una tempestad
llega a las costas de los feacios,
donde es hallado por Nausícaa, hija
del rey Alcínoo, que lo conduce a palacio.
Los cantos IX-XII se sirven de la técnica hoy día conocida como flash-back.
Odiseo narra ante los feacios las aventuras maravillosas que le sucedieron a su
regreso de Troya y antes de llegar junto a Calipso: sus aventuras con el
cíclope Polifemo, con la maga Circe,
en el mundo de los muertos, con las sirenas, con los rebaños del Sol.
Los cantos XIII-XXIV narran de modo lineal el retorno de Odiseo a Ítaca, el reconocimiento de sus seres
queridos y la venganza sobre los pretendientes.
Este es el esquema básico de la
segunda gran epopeya homérica, cuyos viajes y localizaciones podéis ver
plasmados en el mapa que aquí os dejo.
Afirma el lugar común que la Ilíada de Homero trata de la Guerra de
Troya y, como casi todos los lugares comunes, es erróneo. La acción de la Ilíada transcurre durante unos pocos
días del décimo año de la Guerra de Troya y al término de esta obra, aún sigue
la gran ciudad en pie. Ni una mención hay en ella al regalo envenenado del
caballo de madera. Y es que la Ilíada
se ocupa, más bien, de la cólera de
Aquiles, como se indica en sus primeros y programáticos versos:
“La
cólera canta, oh diosa, del Pelida Aquiles,
maldita,
que causó a los aqueos incontables dolores,
precipitó
al Hades muchas valientes vidas
de
héroes y a ellos mismos los hizo presa para los perros
Los griegos caen como moscas
por obra y gracia de una peste enviada por el dios Apolo, encolerizado porque a
Crises, sacerdote troyano, le han arrebatado a Criseida, botín de guerra de
Agamenón. Con grandes reparos y temores informa Calcante, adivino de los
griegos, al gran rey de Micenas de que debe devolver a la muchacha. Apoya la
propuesta Aquiles, el más grande de los héroes griegos y, tras una gran
disputa, cede Agamenón con una condición: devolverá a Criseida siempre que a él
le corresponda Briseida, botín de Aquiles.
Y no, no es este un “lío de
faldas”, como algunos quieren ver, sino que tras el conflicto entre Agamenón y
Aquiles se oculta la moral de la guerra
y del honor. Los honorarios de Aquiles por sus servicios a la causa griega
son el botín de guerra, Briseida en
este caso, y, si se le retiran sus honorarios, razona, deja de combatir.
Y entonces, la sombra de la
derrota se cierne sobre los griegos, cuyas huestes sufren los golpes de Héctor,
el héroe por antonomasia, que en el canto VI se despide de su esposa Andrómaca
y su hijo Astianacte para jamás regresar. Sabe que junto a los muros de Troya
terminará muerto, pero el deber para con la patria es lo primero. Antes, eso
sí, tiene tiempo de acabar con Patroclo,
el joven amigo de Aquiles. Solo entonces, por sus ansias de venganza, vuelve
Aquiles al combate y en un enfrentamiento épico -nunca mejor dicho- acaba con Héctor. No se aplaca así su ira, sino
que durante tres días consecutivos arrastra el cadáver del troyano alrededor de
los muros de Troya, para horror de Príamo,
rey de la ciudad y padre del propio Héctor. Aconsejado por los dioses y con la
inestimable ayuda de Hermes, se disfraza Príamo de mendigo y se infiltra en el
campamento griego para suplicarle a Aquiles, asesino de su hijo, que le
devuelva su cadáver para poder así rendirle honores fúnebres. Solo entonces se
apiada Aquiles del anciano. Se cierra el gran poema con los funerales de
Héctor.
Ilustración extraída de La cólera de Javier Olivares y Santiago García (Astiberri, 2020)
[1] La cita procede de E. Crespo
(trad.), 2006: Homero. Ilíada,
Gredos, Madrid.
Fue en la época arcaica donde
debieron fijarse en su forma definitiva -que no ponerse por escrito, como
veremos- los poemas homéricos: la Ilíada y la Odisea. Con ellos se
inaugura la literatura occidental y no es casual que se incluyan dentro del
género épico, pues son muchas las literaturas que se inician de forma similar.
Así, la literatura india se inaugura con el Mahabharata
y el Ramayana, la castellana con el Poema del Mio Cid y la francesa con el Cantar de Roldán. No debe extrañarnos
tal coincidencia, pues la épica es un género
narrativo, es decir, cuenta una historia y, como tal, ha sido a lo largo de
la historia un género tremendamente popular.
Pero ¿qué es la épica?
El término épica se relaciona con el
griego ἔπος, que
significaba “palabra cantada”, lo
que alude a su transmisión. En efecto, los poemas épicos se transmitieron
durante siglos de forma oral, por
parte de los aedos (del griego ἀείδω, “cantar”),
que iban de aldea en aldea cantando hazañas
de varones (κλέα
ἀνδρῶν).
Hoy en día el género
épico apenas tiene representantes, aunque pervive, por supuesto, en las
crónicas deportivas más exaltadas y también, en cierta manera, en
historias fantásticas como El señor de
los anillos. Aquí os dejo una muestra de la célebre versión cinematográfica
de esta.
Para una cultura como la
nuestra, donde la memoria tiene cada vez un papel menor, puede resultar
inconcebible que los aedos fueran capaces de memorizar y cantar sin apoyo
alguno un caudal de versos como el de la Ilíada
y la Odisea, pero los estudios de
Milman Parry a comienzos del siglo XX demostraron que aún había en Serbia aedos
capaces de tal hazaña. Los recursos
mnemotécnicos eran similares:
1. Uso de
fórmulas y epítetos de forma fija, que se repetían siempre en el mismo lugar
del verso: “Aquiles, de pies ligeros”, “Hera, de blancos brazos”, “la Aurora,
de dedos rosados”, “Odiseo, de muchos recursos”...
Estas repeticiones habían sido señaladas como defecto, como demérito, por quienes en el contexto de la polémica entre Antiguos y Modernos defendían la superioridad de los últimos sobre los primeros.
2. El ritmo dactílico. Ilíada y Odisea están
compuestas en versos hexámetros, con una estructura fija:
ˉ˘˘/ˉ˘˘/ˉ˘˘/ˉ˘˘/ˉ˘˘/ˉˉ/
De la
misma manera que la melodía y el ritmo de una canción nos ayudan a memorizar su
letra, así funcionaba el verso en los poemas.
Prestad atención a
nuestras lecturas de pasajes homéricos. Ahora ya sabéis el porqué de tantas
repeticiones. Con esto creo, os habéis hecho una idea de cómo se compusieron
los poemas homéricos pero ¿qué hazañas contaban? De ello hablaremos en próximas
entradas.
ANEXO: LA CUESTIÓN HOMÉRICA
Se denomina cuestión homérica a la discusión que durante los siglos XVIII, XIX y parte del XX se mantuvo entre la escuela analítica y la escuela unitaria.
- La escuela analítica: consideraba que tanto Ilíada como Odisea presentaban numerosas contradicciones internas, rasgos dialectales diversos, etc., que apuntaban a que cada una de ellas no serían obra de un único autor sino el producto de la unión de composiciones orales preexistentes. Serían el resultado, por así decirlo, de "corta-pega" de obras previas.
- La escuela unitaria: consideraba, en cambio, que cada obra tenía un sentido propio y parecía el resultado de la inspiración de un autor -llamémoslo Homero-, y que no sería así si fueran el resultado de la simple yuxtaposición de obras menores. Dentro de esta última escuela hay quien defiende, eso sí, que Ilíada y Odisea no son obra de un mismo autor.