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viernes, 6 de noviembre de 2020

VOLVER A CASA: LA ODISEA DE HOMERO



Uno de los grandes motores narrativos de la Historia de la Literatura es el del viaje. Otro es el regreso a casa. Ambos motivos se inauguran en la Literatura Occidental con la Odisea de Homero, que narra el accidentado regreso a Ítaca de Odiseo, “el héroe de muchos recursos”, tras la caída de Troya.
Frente a lo que ocurría en la Ilíada, que se caracterizaba por la unidad de tiempo y lugar, la estructura de la Odisea es bastante más sofisticada.
Los cantos I-IV suceden en Ítaca, donde Telémaco, hijo de Odiseo, se decide a buscar noticias de su padre, largos años ausente, dada la situación desesperada de su madre Penélope, acosada por los pretendientes.
Los cantos V-VIII nos presentan, por fin, a Odiseo, que parte de la isla de Calipso, donde llevaba varios años retenido. Tras una tempestad llega a las costas de los feacios, donde es hallado por Nausícaa, hija del rey Alcínoo, que lo conduce a palacio.
Los cantos IX-XII se sirven de la técnica hoy día conocida como flash-back. Odiseo narra ante los feacios las aventuras maravillosas que le sucedieron a su regreso de Troya y antes de llegar junto a Calipso: sus aventuras con el cíclope Polifemo, con la maga Circe, en el mundo de los muertos, con las sirenas, con los rebaños del Sol.
Los cantos XIII-XXIV narran de modo lineal el retorno de Odiseo a Ítaca, el reconocimiento de sus seres queridos y la venganza sobre los pretendientes.
Este es el esquema básico de la segunda gran epopeya homérica, cuyos viajes y localizaciones podéis ver plasmados en el mapa que aquí os dejo.




viernes, 23 de octubre de 2020

LA ÉPICA GRIEGA (II): LA CÓLERA FUNESTA



Afirma el lugar común que la Ilíada de Homero trata de la Guerra de Troya y, como casi todos los lugares comunes, es erróneo. La acción de la Ilíada transcurre durante unos pocos días del décimo año de la Guerra de Troya y al término de esta obra, aún sigue la gran ciudad en pie. Ni una mención hay en ella al regalo envenenado del caballo de madera. Y es que la Ilíada se ocupa, más bien, de la cólera de Aquiles, como se indica en sus primeros y programáticos versos:

“La cólera canta, oh diosa, del Pelida Aquiles,
maldita, que causó a los aqueos incontables dolores,
precipitó al Hades muchas valientes vidas
de héroes y a ellos mismos los hizo presa para los perros
y para todas las aves...[1]


Los griegos caen como moscas por obra y gracia de una peste enviada por el dios Apolo, encolerizado porque a Crises, sacerdote troyano, le han arrebatado a Criseida, botín de guerra de Agamenón. Con grandes reparos y temores informa Calcante, adivino de los griegos, al gran rey de Micenas de que debe devolver a la muchacha. Apoya la propuesta Aquiles, el más grande de los héroes griegos y, tras una gran disputa, cede Agamenón con una condición: devolverá a Criseida siempre que a él le corresponda Briseida, botín de Aquiles.
Y no, no es este un “lío de faldas”, como algunos quieren ver, sino que tras el conflicto entre Agamenón y Aquiles se oculta la moral de la guerra y del honor. Los honorarios de Aquiles por sus servicios a la causa griega son el botín de guerra, Briseida en este caso, y, si se le retiran sus honorarios, razona, deja de combatir.
Y entonces, la sombra de la derrota se cierne sobre los griegos, cuyas huestes sufren los golpes de Héctor, el héroe por antonomasia, que en el canto VI se despide de su esposa Andrómaca y su hijo Astianacte para jamás regresar. Sabe que junto a los muros de Troya terminará muerto, pero el deber para con la patria es lo primero. Antes, eso sí, tiene tiempo de acabar con Patroclo, el joven amigo de Aquiles. Solo entonces, por sus ansias de venganza, vuelve Aquiles al combate y en un enfrentamiento épico -nunca mejor dicho- acaba con Héctor. No se aplaca así su ira, sino que durante tres días consecutivos arrastra el cadáver del troyano alrededor de los muros de Troya, para horror de Príamo, rey de la ciudad y padre del propio Héctor. Aconsejado por los dioses y con la inestimable ayuda de Hermes, se disfraza Príamo de mendigo y se infiltra en el campamento griego para suplicarle a Aquiles, asesino de su hijo, que le devuelva su cadáver para poder así rendirle honores fúnebres. Solo entonces se apiada Aquiles del anciano. Se cierra el gran poema con los funerales de Héctor.
 
Ilustración extraída de La cólera de Javier Olivares y Santiago García (Astiberri, 2020)

 


[1] La cita procede de E. Crespo (trad.), 2006: Homero. Ilíada, Gredos, Madrid.

QUE CANTE EL AEDO: LA ÉPICA GRIEGA (I)


Fue en la época arcaica donde debieron fijarse en su forma definitiva -que no ponerse por escrito, como veremos- los poemas homéricos: la Ilíada y la Odisea. Con ellos se inaugura la literatura occidental y no es casual que se incluyan dentro del género épico, pues son muchas las literaturas que se inician de forma similar. Así, la literatura india se inaugura con el Mahabharata y el Ramayana, la castellana con el Poema del Mio Cid y la francesa con el Cantar de Roldán. No debe extrañarnos tal coincidencia, pues la épica es un género narrativo, es decir, cuenta una historia y, como tal, ha sido a lo largo de la historia un género tremendamente popular.
Pero ¿qué es la épica? El término épica se relaciona con el griego ἔπος, que significaba “palabra cantada”, lo que alude a su transmisión. En efecto, los poemas épicos se transmitieron durante siglos de forma oral, por parte de los aedos (del griego ἀείδω, “cantar”), que iban de aldea en aldea cantando hazañas de varones (κλέα ἀνδρῶν).
Hoy en día el género épico apenas tiene representantes, aunque pervive, por supuesto, en las crónicas deportivas más exaltadas y también, en cierta manera, en historias fantásticas como El señor de los anillos. Aquí os dejo una muestra de la célebre versión cinematográfica de esta.


Para una cultura como la nuestra, donde la memoria tiene cada vez un papel menor, puede resultar inconcebible que los aedos fueran capaces de memorizar y cantar sin apoyo alguno un caudal de versos como el de la Ilíada y la Odisea, pero los estudios de Milman Parry a comienzos del siglo XX demostraron que aún había en Serbia aedos capaces de tal hazaña. Los recursos mnemotécnicos eran similares:
1. Uso de fórmulas y epítetos de forma fija, que se repetían siempre en el mismo lugar del verso: “Aquiles, de pies ligeros”, “Hera, de blancos brazos”, “la Aurora, de dedos rosados”, “Odiseo, de muchos recursos”... 
Estas repeticiones habían sido señaladas como defecto, como demérito, por quienes en el contexto de la polémica entre Antiguos y Modernos defendían la superioridad de los últimos sobre los primeros.
2. El ritmo dactílico. Ilíada y Odisea están compuestas en versos hexámetros, con una estructura fija:
ˉ˘˘/ˉ˘˘/ˉ˘˘/ˉ˘˘/ˉ˘˘/ˉˉ/
De la misma manera que la melodía y el ritmo de una canción nos ayudan a memorizar su letra, así funcionaba el verso en los poemas.
Prestad atención a nuestras lecturas de pasajes homéricos. Ahora ya sabéis el porqué de tantas repeticiones. Con esto creo, os habéis hecho una idea de cómo se compusieron los poemas homéricos pero ¿qué hazañas contaban? De ello hablaremos en próximas entradas. 
ANEXO: LA CUESTIÓN HOMÉRICA 
Se denomina cuestión homérica a la discusión que durante los siglos XVIII, XIX y parte del XX se mantuvo entre la escuela analítica y la escuela unitaria.
- La escuela analítica: consideraba que tanto Ilíada como Odisea presentaban numerosas contradicciones internas, rasgos dialectales diversos, etc., que apuntaban a que cada una de ellas no serían obra de un único autor sino el producto de la unión de composiciones orales preexistentes. Serían el resultado, por así decirlo, de "corta-pega" de obras previas.
- La escuela unitaria: consideraba, en cambio, que cada obra tenía un sentido propio y parecía el resultado de la inspiración de un autor -llamémoslo Homero-, y que no sería así si fueran el resultado de la simple yuxtaposición de obras menores. Dentro de esta última escuela hay quien defiende, eso sí, que Ilíada y Odisea no son obra de un mismo autor.