jueves, 18 de marzo de 2021

LOS DIOSES OLÍMPICOS (IV): ATENEA, UN ENIGMÁTICO NACIMIENTO


Danny, un adolescente muy reservado, acaba de trasladarse con su familia a un pequeño pueblo del estado de Nueva York. Es la última de las incontables mudanzas a las que los Pope se han visto obligados. Y es que, durante los años 60, sus padres, Arthur y Annie Pope, hicieron saltar por los aires un laboratorio de napalm para mostrar su disconformidad con la guerra de Vietnam y han llevado desde entonces una vida de prófugos. Tal es el argumento de la magnífica y olvidada Un lugar en ninguna parte (Sidney Lumet, 1988), protagonizada por el malogrado River Phoenix. ¡Ay!
 
El caso es que a Danny le resulta, como es normal, muy difícil asentarse y hacer amigos, pues siempre debe estar alerta y no puede sincerarse por completo. A su amiga Lorna le extraña la reserva del recién llegado y así se lo hace notar en este clip, con ¡faltaría más! una nueva referencia a la cultura clásica.


“Podrías haber nacido de la cabeza de Zeus”, le dice. No es el caso de Danny, obviamente, pero sí el de una figura esencial de la mitología griega: Atenea. Cuenta el mito que Zeus había dejado embarazada a Metis. Sin embargo, cuando llegó hasta él la profecía de que uno de sus hijos conseguiría destronarlo, como él había hecho con Cronos, la devoró. El embarazo estaba tan, tan avanzado que Atenea siguió desarrollándose dentro de Zeus. Un día se despertó Zeus con fortísimos dolores de cabeza y, cuando le pidió a su hijo Hefesto que lo ayudara a acabar con su sufrimiento, este le abrió el cráneo. De la herida nació Atenea, ya adulta, armada con la equipación de los hoplitas.



Atenea era la diosa de la sabiduría, la inteligencia y también de ciertas facetas de la guerra. No son áreas de influencia propias del sexo femenino en una sociedad patriarcal y guerrera como la griega, por lo que se podría decir que Atenea es una anomalía, una peculiaridad. Se entiende mejor si atendemos al hecho de que, según el mito, en su nacimiento no interviene diosa ni mujer. Atenea nace de la cabeza de su padre.

LOS DIOSES OLÍMPICOS (III): ARES


¿Alguna vez has dicho de alguien que tenía un aire muy marcial? ¿Dedicas, quizá, tu tiempo libre a la práctica de las artes así llamadas, marciales? ¿Te has preguntado alguna vez cuál es el origen de tal adjetivo? "Marcial” tiene su origen en el adjetivo latino martialis, -e, a su vez derivado de Mars, Martis, el dios de la guerra.
Marte es el dios de la guerra romano, identificado con el Ares griego. Hijo de Zeus y de Hera (Júpiter y Juno en el mundo romano), se le representa con coraza y casco y armado de escudo, lanza y espada. La mayoría de mitos en los que interviene son mitos guerreros, aunque no siempre resulta vencedor. Con frecuencia, los griegos presentan su fuerza bruta contenida o burlada por la más astuta de Heracles o la prudencia de Atenea.
Se le relaciona con frecuencia con Afrodita, diosa del amor, que estaba casada con Hefesto, el dios cojo de la fragua. Relata Homero cómo un día Ares y Afrodita fueron sorprendidos por el Sol, que fue a contar la aventura a Hefesto. Este preparó una trampa, una red mágica. Una noche en la que los dos amantes estaban en el lecho de Afrodita, Hefesto cerró la red sobre ellos y llamó a todos los dioses del Olimpo.
 

 


LOS DIOSES OLÍMPICOS (II): POSEIDÓN


Poco después de prometerse a su novio Larry, Piper Chapman, neoyorquina de bien, ingresa en la prisión de mínima seguridad de Litchfield para cumplir quince meses de condena por un delito de su loca, loca juventud. Pronto descubre que, pese a las aparentemente enormes diferencias con el resto de internas, todas son, en último término, víctimas de sus propios errores y de decisiones equivocadas. Hablamos, claro está, de Orange is the new black, una comedia demoledora cuyas dos primeras temporadas –la tercera, no tanto- no deberíais perderos.
En el clip que podéis ver a continuación asistimos a uno de sus flash-backs característicos, que nos permite ver cómo se conocieron Red y Vee, fieras antagonistas durante la segunda temporada. Cuenta Red cómo organizó una red de contrabando cuyos tentáculos penetran incluso en el penal de Litchfield y cómo, una vez que ella entró en prisión, todo empezó a venirse abajo. Para empezar, ¿cómo un distribuidor de verdura va a llamarse Neptuno?

Neptuno, Poseidón en su advocación griega, era, en efecto, el dios del mar y su nombre, en consecuencia, era más adecuado para un distribuidor de pescado. Se presentaba habitualmente en carro de caballos, con cola de pez y portando su arma distintiva, el tridente. Con él agita los mares en las tormentas –que se lo digan a Odiseo- y las entrañas de la tierra en los terremotos. Es la personificación de las fuerzas elementales y violentas del mar y los terremotos.
Es el padre de buena parte de las criaturas monstruosas que poblaban los relatos míticos griegos: Pegaso, el caballo alado; Anteo, el gigante; Polifemo, el cíclope, etc.

LOS DIOSES OLÍMPICOS (I): ZEUS


Nueva York, un verano cualquiera de la década de los ’90. Un chiflado amenaza con hacer explotar una bomba si John –Bruce Willis- McLane, detective en horas bajas, no sigue sus instrucciones. Estas pasan por pasearse por Harlem, desnudo, con la única “protección” de un cartel que reza “odio a los negros”. Se salva del linchamiento colectivo gracias a la intervención de Zeus, Samuel L. Jackson, que responde como sigue al error que McLane comete con su nombre.
 

En efecto, Zeus, Júpiter para los romanos, se identifica habitualmente con el rayo. Fue el gran dios de las tormentas y el ordenador del cielo y la Tierra. Luchó contra su padre Cronos y los titanes para obtener el poder de los cielos y es el principal de los dioses del Olimpo. Desde su trono, armado con el rayo, vela por todo lo que ocurre.
Pasó su infancia en Creta, donde fue escondido por su madre Rea para evitar que fuera devorado por su padre Cronos. 
 
Saturno devorando a su hijo, Francisco de Goya  
 
Son también muy célebres sus amoríos con otras diosas y humanas. Los celos y vigilancia de su esposa Hera lo obligan a realizar pintorescas transformaciones: toro, cisne, lluvia de oro, etc. De todas estas uniones surgen seres diversos: las Musas (de su unión con Mnemósine, la Memoria), Perséfone (con Deméter), Atenea (con Metis, a la que se tragó, ya embarazada), Hefesto y Ares (con su esposa Hera), etc.

jueves, 11 de marzo de 2021

LOS MÁRMOLES DE ELGIN: BRING THEM BACK!


Hace dos o tres años que Jeremy Corbyn, aspirante laborista a ser Primer Ministro inglés, anunció que, en el caso de que ganara las próximas elecciones devolvería a Grecia los conocidos como "mármoles de Elgin", actualmente expuestos en el Museo Británico. Veamos a qué se refería.

 La Acrópolis (etim. ἄκρος ‘elevado’, πόλις ‘ciudad’; ciudad elevada) fue el núcleo originario de la ciudad de Atenas. Su situación facilitaba la defensa en caso de agresión exterior y en ella se agrupaban los edificios sagrados. Su templo más representativo es el celebérrimo Partenón de Atenas.
Su nombre procede del griego πάρθενος, ‘muchacha’, y se refiere a la diosa Atenea, patrona de Atenas. En efecto, Poseidón y Atenea se disputaron el dominio del Ática -región en la que se encontraba Atenas-. Para ganarse el favor de los atenienses, Poseidón golpeó una roca con su tridente e hizo brotar una fuente de agua. Sin embargo, el agua era salada y no se podía beber. Atenea, por su parte, hizo crecer un olivo, elemento fundamental en el mundo antiguo. Los atenienses eligieron el regalo de Atenea, que, desde entonces, se convirtió en protectora de la ciudad.



El Partenón fue construido en el siglo V a. C., diseñado por el arquitecto Fidias. Se inscribe en el llamado orden dórico. Sus frisos están decorados con escenas de guerra: de los dioses contra los gigantes, de los lapitas contra los centauros, de los aqueos contra los troyanos y de los griegos contra las amazonas. Se representa, además, el enfrentamiento de Poseidón y Atenea.



El caso es que parte de estas esculturas fueron retiradas de su emplazamiento original y llevadas a Londres por Lord Elgin, embajador británico en Constantinopla desde 1799, con el permiso del sultán turco. El objetivo de Elgin era, al parecer, familiarizar a sus compatriotas ingleses con las antigüedades griegas. Sin embargo, las esculturas arrancadas del Partenón -en algún caso con palanca-, conocidas con el significativo nombre de mármoles de Elgin, acumularon polvo y humedad durante años en los sótanos de aquel, hasta que fueron vendidas al gobierno inglés y llevadas al Museo Británico de Londres en 1816. Son todavía una de las colecciones estrella de este, pese a las reinvindicaciones del gobierno griego y a numerosas campañas que, bajo el lema de Bring them Back!, pretenden la devolución de los mármoles a su antiguo propietario, el pueblo griego. Desde el Museo Británico se objeta, a su vez, que los mármoles fueron cedidos por el Sultán y que, además, sus instalaciones se prestan mejor a la guarda y conservación que las de los griegos.


Aquí os dejo una historia condensada del Partenón del cineasta Costa Gavras:



Y vosotros, ¿qué opináis? Documentaos sobre el tema y armaos con argumentos porque... ¡toca debatir!