martes, 23 de febrero de 2016

LOS DIOSES OLÍMPICOS (I): ZEUS



Nueva York, un verano cualquiera de la década de los ’90. Un chiflado amenaza con hacer explotar una bomba si John –Bruce Willis- McLane, detective en horas bajas, no sigue sus instrucciones. Estas pasan por pasearse por Harlem, desnudo, con la única “protección” de un cartel que reza “odio a los negros”. Se salva del linchamiento colectivo gracias a la intervención de Zeus, Samuel L. Jackson, que responde como sigue al error que McLane comete con su nombre.

En efecto, Zeus, Júpiter para los romanos, se identifica habitualmente con el rayo. Fue el gran dios de las tormentas y el ordenador del cielo y la Tierra. Luchó contra su padre Cronos y los titanes para obtener el poder de los cielos y es el principal de los dioses del Olimpo. Desde su trono, armado con el rayo, vela por todo lo que ocurre.
Pasó su infancia en Creta, donde fue escondido por su madre Rea para evitar que fuera devorado por su padre Cronos. Son también muy célebres sus amoríos con otras diosas y humanas. Los celos y vigilancia de su esposa Hera lo obligan a realizar pintorescas transformaciones: toro, cisne, lluvia de oro, etc. De todas estas uniones surgen seres diversos: las Musas (de su unión con Mnemósine, la Memoria), Perséfone (con Deméter), Atenea (con Metis, a la que se tragó, ya embarazada), Hefesto y Ares (con su esposa Hera), etc.

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