martes, 11 de septiembre de 2018

EL SISTEMA FÓNICO DEL GRIEGO


Veíamos el otro día la realidad fonética que se ocultaba tras el alfabeto latino y hoy es el turno de estudiar los sonidos que esconde el, de momento, exótico alfabeto griego.
Al igual que el latín, el griego tiene también varias series de CONSONANTES OCLUSIVAS:
PUNTO DE ARTICULACIÓN
SONORAS
SORDAS
ASPIRADAS
LABIALES
[b] β
[p] π
[ph] φ
DENTALES
[d] δ
[t] τ
[th] θ
GUTURALES
[g] γ
[k] κ
[kh] χ

Ya veis que el griego tiene una serie de oclusivas más que el latín, las ASPIRADAS, que acompañaban la explosión de una ligera aspiración. Si el otro día decíamos que podéis recordar la serie de sonoras pensando en una “BoDeGa” y de las sordas con una “PeTaCa”, habitualmente se recurre a la palabra “FiJeZa” para recordar las aspiradas.
El griego dispone también de una FRICATIVA ápicoalveolar o silbante, [s] (σ, ς),
de dos NASALES, una labial [m] (μ) y una dental [n] (ν),
y de dos LÍQUIDAS, una lateral [l] (λ) y una vibrante [r] (ρ).
A mitad de camino entre las oclusivas y las fricativas, está la AFRICADA [dz] (ζ).
Al igual que el latín, también el griego se sirve de la cantidad vocálica para distinguir significados. Los griegos distinguían entre vocales largas y breves. Es más, el alfabeto recoge en ocasiones esta distinción:
 
ā
α
ă
ē
η
ĕ
ε
ī
ι
ĭ
ō
ω
ŏ
ο
ū
υ
ŭ

LATINE LOQVAMVR, DISCIPVLI! (EL SISTEMA FÓNICO DEL LATÍN)



¡Estudiantes! ¡Hablemos en latín! Y para hacerlo con corrección, aquí os dejo una pequeña descripción articulatoria de la realidad que esconde su alfabeto.
CONSONANTES: son aquellos sonidos en cuya articulación el aire encuentra un obstáculo a su salida.

Según las características de este obstáculo y la manera de vencerlo, hablaremos de OCLUSIVAS o FRICATIVAS.

Las OCLUSIVAS son sonidos en los que se plantea un obstáculo total que se vence con una explosión. Según el punto donde se sitúe este obstáculo hablaremos de


PUNTO DE ARTICULACIÓN

SONORAS
(+ vibración de las cuerdas)
SORDAS
(- vibración de las cuerdas)

LABIALES

[b]
[p]

DENTALES

[d]
[t]

GUTURALES
(en el velo del paladar)

[g]
[k] (“c”, “k”, “qu”)


¡OJO! Aquí os dejo un par de imágenes significativas que os ayuden a recordar cuáles son las oclusivas sonoras (a la izquierda) y cuáles las sordas (a la derecha)














Las FRICATIVAS son sonidos en los que se plantea un obstáculo parcial que se vence con fricción. Al contrario que las oclusivas, son sonidos continuos. En latín son fricativas:
[f]: fricativa, labiodental (se realiza con los dientes superiores sobre el labio inferior), sorda

[s]: fricativa, ápicoalveolar (se realiza con la punta de la lengua sobre los alveolos, la parte del paladar inmediatamente anterior a los incisivos superiores; la parte que se quema cuando comemos pizza muy, muy caliente...)

Las NASALES son sonidos en cuya articulación el aire sale parcialmente por las fosas nasales. De ahí que, cuando estamos resfriados y con la nariz taponada, no podamos pronunciarlas con propiedad. Según su punto de articulación, distinguimos entre

                        [m]: nasal, labial

                        [n]: nasal, dental

Restan, en fin, las LÍQUIDAS:   

[l]: líquida, lateral

[r]: líquida, vibrante

Las VOCALES son sonidos en cuya articulación el aire encuentra una salida franca, sin obstáculos, a través de la cavidad bucal. Las diferencias entre unas y otras radicarán en el grado de apertura de esta cavidad y en el lugar más anterior o posterior donde se realice el sonido. 

De todos modos, lo que nos interesa aquí es que, pese a las apariencias -solo hay cinco grafías-, el latín no tiene cinco vocales, sino diez:

                        ā, ă, ē, ĕ, ī, ĭ, ō, ŏ, ū, ŭ

La diferencia entre ā y ă estriba en su duración; la primera es más larga que la segunda. Y esta diferencia, que en nuestra lengua no tiene consecuencias, servía en latín para distinguir significados.
Así, sōlum significa en latín “solamente”, frente  a sŏlum, que hace referencia al sustantivo “suelo”.

Por lo que se refiere a su acentuación, la situación del acento estaba condicionada por una ley denominada la "ley de la Penúltima", según la cual, 
1. no hay palabras agudas
2. en las palabras de más de dos sílabas el acento recae en la penúltima si es larga. Si esta sílaba fuera breve, el acento se retrotraería a la antepenúltima independientemente de su cantidad.

Son sílabas largas:
1. las que incluyen una vocal larga
2. las que incluyen un diptongo (-ae, -oe, -au)
3. aquellas cuya vocal va seguida de dos consonantes.

Parece complejo pero no lo es. No se explica, así pues, cómo un profesor de Latín de un centro tan prestigioso como la Academia Welton puede cometer errores de pronunciación como los que aquí os dejo; toda una lección de cómo NO pronunciar el latín.



BREVE HISTORIA DE LA LENGUA GRIEGA (II): “MISSOLONGUI, 1824”, JOHN CROWLEY



Al derrumbe del mundo micénico siguieron varios siglos de silencio, de los que no disponemos de ningún testimonio. Habrá que esperar al 800 a. C. para volver a tener testimonios escritos, que ya no serán silábicos sino alfabéticos. Además, en época Arcaica se advierte ya una acusada fragmentación dialectal, tal y como se aprecia en el siguiente mapa:


Esta fragmentación perduró durante la época Clásica. De hecho, cada género literario llevaba asociado un dialecto. Así, el ático que estudiaremos en clase fue la lengua de la filosofía de Platón, de la historiografía de Tucídides, de determinadas partes del drama, etc. El dorio fue, a su vez, la lengua de la lírica coral.
Las diferencias dialectales se fueron perdiendo en favor de una lengua común, κοινή γλῶσσα, lengua de cultura y de uso comercial. Esta es la lengua de las primeras traducciones griegas del Antiguo Testamento y de la redacción del Nuevo Testamento.
El griego pervivió durante siglos como lengua del mundo bizantino o del Imperio Romano de Oriente, cuya caída no se produjo hasta 1453. Fueron los eruditos que entonces escaparon de la destrucción de Constantinopla a manos de los turcos quienes recuperaron el conocimiento del griego en Occidente, mientras en Oriente el esplendor griego quedó reducido a las ruinas posteriormente descubiertas por los viejos poetas románticos del s. XIX.
A propósito de esto último, os traigo aquí hoy un hermoso pasaje del relato “Missolongui, 1824”, incluido en Antigüedades de John Crowley, en el que un moribundo Lord Byron se deja llevar por la nostalgia:
«Tan pronto como mis pies tocaron estas playas, supe que por fin había llegado a mi verdadero hogar. Yo no era un ciudadano de Inglaterra en viaje por el extranjero. No: éste era mi país, mi clima, mi aire. Escalé el Himeto y escuché a las abejas. Subí a la Acrópolis. (Lord Elgin conspiraba a la sazón para saquear los edificios: quería llevar las estatuas a Inglaterra, enseñar a esculpir a los ingleses; a los ingleses que son tan capaces de esculpir como tú de patinar). Estuve en el bosque sagrado de Apolo en Claros: sólo que ya no existe allí ningún bosque, ahora todo es polvo. Tú, Loukas, tú y tus padres habéis talado todos los árboles, y los habéis quemado, no sé si por resentimiento o porque necesitabais leña, pero allí me detuve en medio de las nubes de polvo, a pleno sol, y pensé: He llegado dos mil años demasiado tarde. Ésa era la pena que empañaba mi felicidad, ¿te das cuenta? Yo no menospreciaba a los griegos de hoy, como lo hacían muchos de mis compatriotas, no pensaba como ellos que han degenerado, y que se merecen a sus amos turcos. No, yo me deleitaba con su compañía, muchachas y muchachos, albaneses, suliotas y atenienses. Estaba enamorado de Atenas, de sus calles estrechas y escuálidas, de sus mercados. No hacía excepción alguna. Sin embargo... Cómo deseaba no haberla perdido, y qué bien sabía que la había perdido para siempre. La Grecia de Homero; la de Píndaro; la de Safo. Sí, mi joven amigo: tú conoces soldados y ladrones con esos nombres; yo hablo de otros».


Muchas son las referencias clásicas de este pasaje y nuestra tarea es localizarlas y averiguar qué realidades esconden. ¡A ello!