lunes, 3 de diciembre de 2018

LAS GUERRAS MÉDICAS



Anunciábamos hace ya algún tiempo una entrada sobre las Guerras Médicas, que tuvieron lugar en el siglo V a. C. (490-479 a. C.) y enfrentaron a una coalición de griegos y a los persas o medos -de ahí el nombre-. Al margen de la legendaria expedición que, según los poemas homéricos, arribó a las costas de Troya para recuperar a la bella Helena, fue esta la primera ocasión en que se produjo la unión de los griegos -organizados hasta entonces en ciudades-estado (πόλεις) independientes-. Su objetivo no era otro que prestar su apoyo a las colonias jonias que habían sido conquistadas por un imperio persa en plena expansión, dirigido primero por Darío y después por Jerjes

Tres son las batallas más célebres que determinaron el rumbo de esta guerra:

1. La batalla de Maratón (490 a. C.):
En el año 490 a. C. un gran ejército persa se hizo al mar Egeo y, tras destruir parte de Eubea, se dirigió al Ática, desembarcando en Maratón. Los atenienses hicieron una petición de ayuda a Esparta, petición que, al parecer, llevó Fidípides con una rapidez asombrosa. Sin embargo, se encontró al llegar con que los espartanos estaban celebrando la fiesta de las Carneas y no quisieron ponerse en marcha de inmediato por escrúpulos religiosos. Los atenienses se vieron obligados a hacer frente a los persas en evidente inferioridad numérica pero sorprendentemente se hicieron con la victoria. Los espartanos llegaron a tiempo de contemplar el ensangrentado campo de batalla.
Os sonará, supongo, la leyenda que vincula esta batalla con el origen de la actual carrera de Maratón. Dicha leyenda, al parecer infundada, relata que Fidípides, después de haber ido corriendo de Atenas a Esparta en busca de ayuda y de vuelta a Atenas para informar de la negativa, habría ido después hasta la llanura de Maratón para participar en la batalla y después regresado a Atenas -siempre a la carrera- para anunciar la victoria con las palabras “Salud, hemos vencido”. No es de extrañar que, siempre según la leyenda, muriera nada más pronunciar estas palabras. 



2. La batalla de las Termópilas (480 a. C.):
Los griegos decidieron hacer frente al avance persa por Tesalia en el estrecho paso de las Termópilas. Durante dos días, Leónidas, con un pequeño contingente rechazó a un ejército persa muy superior causándole muchas bajas. Sin embargo, un traidor llamado Efialtes mostró a los persas una senda en la montaña por la que podían rodear la posición griega. Cuando Leónidas advirtió lo sucedido dio la orden de retirada pero se mantuvo con trescientos espartanos resistiendo hasta la muerte.
Habréis reconocido, supongo, el argumento del cómic 300 de Frank Miller o de su más célebre versión cinematográfica, dirigida por Zack Snyder.



3. La batalla de Salamina (480 a. C.):
Poco después de la derrota espartana en las Termópilas, se produjo la gran batalla naval de Salamina. Temístocles, general ateniense, fiaba la protección de la ciudad de Atenas a la flota, pues en ese sentido interpretaba un oráculo de Delfos, según el cual los atenienses debían confiar en una “muralla de madera”. Los persas asolaron el Ática e incendiaron la Acrópolis. Sin embargo, en los estrechos de Salamina los persas sufrieron una derrota definitiva. A esta batalla está dedicada la tragedia de Esquilo Los persas.

Como consecuencia de las Guerras Médicas los griegos fueron desarrollando una identidad nacional helena más fuerte y la pólis ateniense ganó en orgullo y confianza.

LA EXPANSIÓN ROMANA (I): LAS GUERRAS PÚNICAS



Veíamos el otro día las transformaciones políticas que supuso el cambio de régimen (de Monarquía a República) y que la política interior republicana estuvo marcada durante siglos por el llamado conflicto patricio-plebeyo. Pues bien, la política exterior romana durante el período republicano fue, sobre todo, una sucesión de campañas bélicas de expansión, primero por la península Itálica y posteriormente por todo el Mediterráneo.
En la lucha por el dominio del Mediterráneo (mare Nostrum, lo llamaban los romanos) los episodios más célebres fueron las guerras púnicas, que enfrentaron a Roma con la muy poderosa Cartago (en el territorio de la actual Túnez). La leyenda justifica la enemistad entre romanos y cartagineses con un móvil más romántico que las razones geoestratégicas: vengar a la reina Dido, que en la bruma de los tiempos fue abandonada por Eneas, cuando partió en busca de una nueva Troya. La reina Dido, nos cuenta Virgilio en la Eneida, no pudo soportar la marcha de su amado y terminó quitándose la vida. Su hermana Ana pronunció ante su pira las siguientes palabras:
“¡Feliz, ay, demasiado feliz si no hubieran jamás naves troyanas arribado a mis playas!”
            (Virgilio, Eneida, IV)
Las guerras púnicas comprenden tres etapas:
-         La Primera Guerra Púnica (s. III a. C.) se desarrolló primero en Sicilia pero llegó posteriormente a Hispania, territorio que se repartieron romanos y cartagineses, dirigidos por Amílcar Barca y después por Asdrúbal. Fue una guerra naval.
-         La Segunda Guerra Púnica (s. III a. C.) es la más conocida, por la expedición de Aníbal contra Roma cruzando los Alpes con elefantes. Aníbal venció a los romanos en cuatro famosas batallas pero fue derrotado en Zama.
-         La Tercera Guerra Púnica (s. II a. C.) tuvo lugar en territorio africano y supuso la destrucción total de Cartago por Escipión. Se cumplía así la voluntad de Catón, que cerraba todas sus intervenciones en el Senado con las palabras Cartago delenda est (“Cartago debe ser destruida”).

viernes, 30 de noviembre de 2018

EL CONFLICTO PATRICIO-PLEBEYO



Decíamos hace ya algún tiempo que después de la expulsión del último de los reyes etruscos, Tarquinio el Soberbio, y en palabras de Indro Montanelli, “todo fue republicano en Roma”. Decíamos también que república significaba etimológicamente “la cosa pública”. Sin embargo, el sistema político romano, aun con vocación de alejarse de la tiranía de un rey, estaba lejos de ser un gobierno de todos y no tenía nada que ver, por ejemplo, con la democracia ateniense.

La república romana era, de facto, una oligarquía (“gobierno de unos pocos”). Esos pocos eran los patricios (< pater, patris), grandes terratenientes descendientes de los fundadores de Roma. Así, al menos, se consideraban ellos. Los plebeyos (< plebs, plebis), mayoritariamente comerciantes y artesanos, y también trabajadores de las tierras de los patricios, no tomaban parte alguna en el gobierno. Solo los patricios podían ser senadores o desempeñar alguna magistratura.

La historia de la política interior de Roma durante el período republicano (509-27 a. C.) está marcada por las tensiones entre ambas clases. Tras las guerras con etruscos y pueblos latinos, la situación de los plebeyos se hizo intolerable hasta el punto de que en el 494 a. C. se amotinaron en el Aventino, una de las siete colinas de Roma, y los patricios se vieron obligados a concederles una magistratura propia: el tribunado de la plebe. Su misión era proteger los intereses de los plebeyos y tenían el poder de suspender las leyes que desaprobaban al grito de “¡Veto!”. El poder de los cónsules y del Senado no podía lograr que se aprobase una ley contra el veto del tribuno. También gozaban de protección especial. Posteriormente fueron accediendo a diferentes magistraturas. De hecho, las leyes Licinias Sextias (s. IV a. C.) establecieron que uno de los dos cónsules tenía que ser plebeyo.

Fue así como se fue forjando una nueva aristocracia compuesta ya no solo por patricios, sino también por plebeyos adinerados. Sin embargo, las múltiples campañas de expansión que Roma mantuvo durante siglos –sobre las que trataremos próximamente- arruinaron a los campesinos pobres. Roma se convirtió en una gran urbs con una numerosa plebe empobrecida que sobrevivía gracias a los repartos públicos. En este contexto sucedieron desde el siglo II a. C. una serie de guerras, llamadas sociales, con tres hitos destacados:

-         la reforma agraria de los hermanos Graco: pretendía repartir el suelo público entre los pobres y distribuir trigo entre el pueblo. Ambos hermanos fueron asesinados.

-         el levantamiento de los pueblos itálicos para reclamar plena ciudadanía.

-         la célebre revuelta de Espartaco, un gladiador de origen tracio que causó estragos durante dos años al ejército romano hasta que fue derrotado por Craso. Tan cruelmente fueron castigados que nunca más hubo en Roma una insurrección. Aquí os dejo, para terminar, una de las escenas más célebres de la versión cinematográfica que Stanley Kubrick hizo de la revuelta: “¡Yo soy Espartaco!”

jueves, 22 de noviembre de 2018

GRIEGO I: CONTENIDOS CULTURALES PARA EL EXAMEN TEÓRICO


GRIEGO I: CONTENIDOS CULTURALES
PARA EL EXAMEN TEÓRICO

Historia de la lengua griega:
-          El griego como lengua indoeuropea.
-          ¿Qué es el indoeuropeo? Citar ejemplos de otras lenguas indoeuropeas.
-          Los primeros testimonios del griego: las tablillas micénicas. ¿Qué son? Su desciframiento (Alice Kober, Michael Ventris).
-          La Edad Oscura, Edad Arcaica (autores destacados: Homero y Hesíodo; escritura alfabética; los dialectos del griego), Época Clásica (autores destacados), Época Helenística-Romana (la koiné glossa), el griego bizantino, el griego moderno y sus modalidades.
Mitología:
  • El ciclo cretense: Minos y Pasífae, el minotauro, Teseo y Ariadna, Dédalo e Ícaro.
La épica griega: características del género (popular, oral, memorístico…). Características de la épica homérica: fórmulas y epítetos, el verso hexámetro.
-          Argumento de la Ilíada (la cólera de Aquiles: causas y desarrollo; desenlace)
-          Argumento de la Odisea
La pólis griega.

miércoles, 14 de noviembre de 2018

LATÍN I: CONTENIDOS CULTURALES PARA EL EXAMEN TEÓRICO



Historia de la lengua latina:
-         El latín como lengua indoeuropea.
-         ¿Qué es el indoeuropeo? Otros ejemplos de lenguas indoeuropeas.
-         El latín, la lengua más exitosa de la Historia
-         Fases en la historia de la lengua latina (a tener en cuenta, sobre todo, primeros testimonios epigráficos, primeros testimonios literarios, latín clásico y principales representantes, latín tardío, latín medieval)
-         ¿Cuál es la característica fundamental del latín medieval?
-         ¿Qué es el latín vulgar? fuentes para su estudio
Los orígenes legendarios de Roma:
-         El juicio de Paris y la guerra de Troya
-         La caída de Troya: Eneas
-         Los viajes de Eneas (la Eneida de Virgilio)
-         Los orígenes de Roma propiamente dichos: Rómulo y Remo
Fases en la Historia de Roma: la monarquía

-         Rómulo: el rapto de las Sabinas. La traición de Tarpeya
-         Numa Pompilio: rey pacífico organizador de la religión.
-         Tulo Hostilio: Horacios y Curiacios
-         Los Tarquinios: la violación de Lucrecia.


El funcionamiento de la República 

lunes, 12 de noviembre de 2018

LA ΠΟΛΙΣ GRIEGA



“El ser humano es un animal político” (ζῷον πολιτικόν). Lo dijo Aristóteles (s. IV a. C.) refiriéndose a que el hombre necesita de la ciudad (πόλις) para satisfacer sus necesidades y para realizarse en su plenitud. “Político”, término tan denostado hoy en día, fue en origen un adjetivo derivado del sustantivo πόλις, la ciudad-estado en la que se desarrolló la civilización griega a lo largo de las edades Arcaica y Clásica. La traducción de “ciudad-estado” nos da ya una pista de la consideración de estas ciudades, que, al contrario de lo que sucede hoy día, no se inscribían en una organización administrativa superior, sino que eran independientes y autónomas.
En efecto, como señalamos al comenzar el curso, Grecia como tal es una creación posterior y en origen la única vinculación entre ciudades era de tipo cultural o espiritual, pues la identidad entre ciudades venía dada por la lengua griega. Solo posteriormente, con ocasión de las guerras Médicas frente a los persas (s. V a. C.) se produjeron coaliciones y la pérdida de autonomía de ciertas πόλεις en favor de dos poderes pujantes: Atenas y Esparta.
El origen de la ciudad-estado se remonta al siglo VIII a. C. y a un proceso denominado sinecismo (συν-οἰκός, “agrupación de casas”), por el que aldeas y agrupaciones menores se fueron agrupando en comunidades mayores a las que llegaron también comerciantes y artesanos.
Las características de las ciudades-estado eran las siguientes:
  • ·         Un territorio reducido cuyos dos puntos de referencia eran el ágora (“plaza pública”) y la acrópolis (“ciudad elevada”). La primera estaba dedicada a la vida administrativa, económica y civil, mientras que la segunda era el centro religioso y defensivo de la ciudad.
  • ·         Independencia económica (autarquía): la πόλις tenía que producir lo necesario para alimentar a la población.
  • ·         Independencia política (autonomía): la πόλις no estaba sometida a ninguna entidad superior, otra ciudad o poder extranjero alguno.
  • ·         Estructura social dual, formada por ciudadanos con derechos cívicos y esclavos sin derechos.
  • ·         Espíritu cívico, respeto por la ley y participación de los ciudadanos en la vida pública.
  • ·         Leyenda fundacional (e. gr.: disputa de Poseidón y Atenea por el patronazgo de Atenas).
  • ·        Culto religioso común.
La Acrópolis de Atenas