viernes, 15 de febrero de 2019

LOS MÁRMOLES DE ELGIN: BRING THEM BACK!



El año pasado Jeremy Corbyn, aspirante laborista a ser Primer Ministro inglés, anunció que, en el caso de que ganara las próximas elecciones devolvería a Grecia los conocidos como "mármoles de Elgin", actualmente expuestos en el Museo Británico. Veamos a qué se refería.

 La Acrópolis (etim. ἄκρος ‘elevado’, πόλις ‘ciudad’; ciudad elevada) fue el núcleo originario de la ciudad de Atenas. Su situación facilitaba la defensa en caso de agresión exterior y en ella se agrupaban los edificios sagrados. Su templo más representativo es el celebérrimo Partenón de Atenas.
Su nombre procede del griego πάρθενος, ‘muchacha’, y se refiere a la diosa Atenea, patrona de Atenas. En efecto, Poseidón y Atenea se disputaron el dominio del Ática -región en la que se encontraba Atenas-. Para ganarse el favor de los atenienses, Poseidón golpeó una roca con su tridente e hizo brotar una fuente de agua. Sin embargo, el agua era salada y no se podía beber. Atenea, por su parte, hizo crecer un olivo, elemento fundamental en el mundo antiguo. Los atenienses eligieron el regalo de Atenea, que, desde entonces, se convirtió en protectora de la ciudad.



El Partenón fue construido en el siglo V a. C., diseñado por el arquitecto Fidias. Se inscribe en el llamado orden dórico. Sus frisos están decorados con escenas de guerra: de los dioses contra los gigantes, de los lapitas contra los centauros, de los aqueos contra los troyanos y de los griegos contra las amazonas. Se representa, además, el enfrentamiento de Poseidón y Atenea.



El caso es que parte de estas esculturas fueron retiradas de su emplazamiento original y llevadas a Londres por Lord Elgin, embajador británico en Constantinopla desde 1799, con el permiso del sultán turco. El objetivo de Elgin era, al parecer, familiarizar a sus compatriotas ingleses con las antigüedades griegas. Sin embargo, las esculturas arrancadas del Partenón -en algún caso con palanca-, conocidas con el significativo nombre de mármoles de Elgin, acumularon polvo y humedad durante años en los sótanos de aquel, hasta que fueron vendidas al gobierno inglés y llevadas al Museo Británico de Londres en 1816. Son todavía una de las colecciones estrella de este, pese a las reinvindicaciones del gobierno griego y a numerosas campañas que, bajo el lema de Bring them Back!, pretenden la devolución de los mármoles a su antiguo propietario, el pueblo griego. Desde el Museo Británico se objeta, a su vez, que los mármoles fueron cedidos por el Sultán y que, además, sus instalaciones se prestan mejor a la guarda y conservación que las de los griegos.


Aquí os dejo una historia condensada del Partenón del cineasta Costa Gavras:



Y vosotros, ¿qué opináis? Documentaos sobre el tema y armaos con argumentos porque... ¡toca debatir!

jueves, 7 de febrero de 2019

ALEJANDRO MAGNO... ¡A LA CONQUISTA DEL MUNDO!



Llevamos insistiendo desde principio de curso en la idea de que “Grecia” fue durante siglos tan solo un constructo cultural y lingüístico, no administrativo. Sin embargo, la independencia de las diferentes póleis, algunas de ellas con un sistema tan participativo y democrático como Atenas, sufrió un fuerte retroceso cuando en el año 338 a. C., el territorio griego fue invadido por Filipo II, rey de Macedonia (vecinos norteños de Grecia). Entonces por vez primera fueron todos los griegos sometidos al gobierno de una sola persona. Contra el rey Filipo dirigió Demóstenes -aquel magnífico orador griego del que el otro día os hablaba, el que se metía guijarros en la boca- sus célebres Filípicas.
Hijo del rey Filipo fue Alejandro Magno, el más grande general de la Antigüedad. Discípulo de Aristóteles -ahí es nada- durante su juventud, mostró desde bien pronto dotes de mando y aspiraciones de conquista, que le permitieron sofocar las revueltas griegas y lo lanzaron a Asia a la guerra contra los persas. En su marcha por Asia llegó incluso hasta la India, escenario mítico y prodigioso para los macedonios. Alejandro gustaba de presentarse como héroe homérico. Guardaba como un tesoro su ejemplar de la Ilíada, cuando visitó Troya por primera vez ofreció un sacrificio sobre las tumbas de diversos héroes y se presentaba como descendiente del mismo Zeus.
En el año 323 a. C. se sintió enfermo de repente en el transcurso de una fiesta, según algunos por un proceso febril, según otros, por haber sido envenenado. Murió al cabo de diez días. Su hazaña más duradera fue la de haber extendido la lengua y las instituciones griegas por el mundo oriental. Las ciudades-estado griegas jamás recobraron la independencia que habían perdido con Filipo.


ALCESTIS Y ADMETO



Tradujimos el otro día una frase sobre la peculiar historia de Alcestis y Admeto y aquí os la dejo para que la repaséis. Cuenta el mito que, tras lograr Admeto la mano de Alcestis, no hizo el preceptivo sacrificio de agradecimiento a Ártemis y esta, encolerizada, llenó de serpientes la habitación nupcial. Apolo prometió aplacar a su hermana y le concedió, además, a Admeto, el privilegio de que no muriese el día designado por los Hados, siempre que encontrara alguien que muriese en su lugar.
Cuenta Eurípides en su drama satírico Alcestis que Admeto intentó en vano que un mendigo o sus ancianos padres murieran en su lugar. Solo Alcestis, su amante esposa, consintió en descender al Hades en su lugar. Sucedió, no obstante, que visitó entonces Heracles el palacio de Admeto y al advertir las señales de duelo y averiguar lo ocurrido con Alcestis, descendió a los infiernos y regresó con ella, más hermosa que nunca. Según otra versión, habría sido la misma Perséfone quien, admirada del sacrificio de la joven, la devolvió espontáneamente a la luz.