sábado, 14 de mayo de 2016

ALCESTIS Y ADMETO



Terminamos, noctámbulos, nuestro periplo por el Infierno, con la peculiar historia de Alcestis y Admeto. Cuenta el mito que, tras lograr Admeto la mano de Alcestis, no hizo el preceptivo sacrificio de agradecimiento a Ártemis y esta, encolerizada, llenó de serpientes la habitación nupcial. Apolo prometió aplacar a su hermana y le concedió, además, a Admeto, el privilegio de que no muriese el día designado por los Hados, siempre que encontrara alguien que muriese en su lugar.
Cuenta Eurípides en su drama satírico Alcestis que Admeto intentó en vano que un mendigo o sus ancianos padres murieran en su lugar. Solo Alcestis, su amante esposa, consintió en descender al Hades en su lugar. Sucedió, no obstante, que visitó entonces Heracles el palacio de Admeto y al advertir las señales de duelo y averiguar lo ocurrido con Alcestis, descendió a los infiernos y regresó con ella, más hermsa que nunca. Según otra versión, habría sido la misma Perséfone quien, admirada del sacrificio de la joven, la devolvió espontáneamente a la luz.

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