jueves, 7 de abril de 2016

UNA DE TRAGEDIA GRIEGA: LA ORESTÍA DE ESQUILO



¡Estudiantes! ¡Noctámbulos! ¡Clasicistas todos del Feijoo! Llega, al fin, el día, y el próximo martes por la mañana tendrán lugar las representaciones de Las Euménides de Esquilo y Los Gemelos de Plauto. ¡Recordad! A las 9:45 delante del Scourmont, justo en la esquina que lleva hacia el Arango. Y como nunca se debe ir a torear sin capa, vamos a estudiar algunas peculiaridades de la tragedia griega y la comedia de Plauto, así como de las tramas que se desarrollarán sobre el escenario.
El origen de la tragedia griega está vinculado a representaciones corales religiosas en honor del dios Dioniso y este origen condiciona parcialmente el formato de este género, así como las circunstancias y el objetivo con que se llevaban a escena. Así, Dioniso es el último de los olímpicos, hijo de Zeus y de la mortal Sémele, que fue fulminada por el primero al aparecerse en todo su esplendor. Dioniso terminó naciendo del muslo de su divino padre y es el dios del vino y el éxtasis. Su paralelo romano, Baco, da nombre de hecho, a las bacanales. Dioniso es, pues, el dios de los excesos, así como Apolo es el dios del orden, y las representaciones trágicas fueron un instrumento de la pólis para introducir un elemento irracional, desordenado, en la vida de la ciudad. Hay en las tragedias griegas ejemplos múltiples de incesto, parricidio, filicidio y demás abominaciones y Aristóteles entendió que mediante la contemplación de los sufrimientos del héroe –o heroína-, el espectador se purgaba, se limpiaba de dichas pasiones. Este proceso recibió el nombre de catarsis.
En cuanto a la forma, veréis que en las representaciones tiene un papel destacado un coro que le da la réplica a los actoresno más de dos o tres, con múltiples papeles cada uno, debidamente caracterizados con máscaras- o bien interviene para cantar con rotundidad alguna sentencia lapidaria.
La tragedia que veremos el próximo martes es Euménides, la pieza final de la Orestía, una trilogía de Esquilo, el primer gran autor trágico griego (s. V a. C.), aquel que, según cuenta la leyenda, murió tras sufrir el impacto de una tortuga caída del cielo... En ella se cierra, al fin, una cadena de crímenes iniciada en los muy remotos tiempos de Tántalo, aquel hombre perverso que se atrevió a servirles a los dioses el cuerpo despedazado de su hijo Pélope. De Tántalo desciende Agamenón, el rey de Micenas que encabezó la guerra contra Troya.
En la primera obra de la trilogía, Agamenón, relata Esquilo cómo la vuelta a casa del rey fue de todo menos tranquila, pues encontró tan solo la muerte a manos de su esposa Clitemnestra y su amante Egisto. No le perdonó aquella que se trajera a casa a la agorera Casandra como concubina y, mucho menos, que diez años antes hubiera sacrificado a la hija de ambos, Ifigenia, para conseguir viento favorable para su expedición. Aquí os dejo un fragmento de La versión Browning, en la que un maduro y un tanto desencantado profesor de lenguas clásicas da una inspirada clase sobre Agamenón ante un grupo de desconcertados alumnos.
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No les fue mucho mejor a los asesinos. “El que la hace la paga” en la tragedia griega. Tal es el argumento de Coéforos, la segunda obra de la trilogía, en la que Orestes, otro hijo de ambos, llega a Micenas para vengar la muerte de su padre, ¿cómo?, matando a su propia madre.
Llegamos así, por fin, a Euménides, que se inicia con la locura de Orestes, dominado por las Erinias –las Furias latinas-, aquellas divinidades ancestrales nacidas de las gotas de sangre que brotaron de la castración de Urano por su hijo Cronos y que, como no podía ser de otra manera, estaban especializadas en la venganza de los crímenes familiares. Por recomendación de Apolo, el dios del orden y la belleza, recordad, acude Orestes a Atenas, donde su caso es juzgado en el tribunal. Los jueces empatan pero Orestes sale absuelto por el voto de Atenea. Las Erinias montan en cólera pero son aplacadas por Atenea, que las convierte en divinidades benéficas, las Euménides del título. Se pone fin así a la cadena de culpas.
Os he desvelado el final, es cierto, pero no me cabe duda de que disfrutaréis igualmente de la lectura de esta versión y tal es lo que debéis hacer este fin de semana. No os llevará mucho tiempo y el martes lo agradeceréis. Así que noctámbulos, leed, leed.

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