miércoles, 2 de marzo de 2016

LA REVOLUCIÓN ROMANA (S. I A. C.)



El siglo I a. C. fue un siglo de inestabilidad social y política, marcado, sobre todo, por las guerras civiles. La primera de ellas enfrentó a Mario, jefe del partido popular, y Sila, jefe del partido senatorial, partidario de mantener los privilegios de los aristócratas. Ambos bandos se dedicaron a confiscar bienes y a asesinar a presuntos enemigos.

La muerte de Sila y el fin de su período de terror coincidió con el ascenso de Pompeyo, una de las grandes figuras del siglo I a. C. Siendo cónsul, Pompeyo encabezó una serie de campañas en Oriente que le otorgaron gran gloria: acabó con los piratas del Mediterráneo, sometió Asia Menor y conquistó Siria. De esta manera, Roma se aseguró el control del Mediterráneo oriental.

De manera paralela a las campañas de Pompeyo en Oriente, se forjó otra gran figura: Julio César. Pertenecía a una de las familias más ilustres de Roma, la gens Iulia, que se consideraba descendiente de la diosa Venus. Julio César conquistó las Galias, derrotando en el 52 a. C. al célebre líder Vercingétorix.



De vuelta a Roma, César cruzó el río Rubicón (que separaba la Galia de Italia) sin disolver las legiones y pronunciando, según cuenta la leyenda, la célebre frase alea iacta est (“la suerte está echada”). Pompeyo huyó a Grecia, donde fue derrotado en la batalla de Farsalia. César marchó a continuación a Egipto, donde tomó partido por Cleopatra en la disputa dinástica interna. Obtuvo la victoria definitiva sobre los hijos de Pompeyo en la batalla de Munda (Hispania).

Muerto Pompeyo –decapitado en Egipto- César se alzó como única figura dominante (dictator) e introdujo importantes reformas: calendario juliano, aumento de senadores, concesión de la ciudadanía romana a galos e hispanos, etc. Sin embargo, los partidarios del régimen republicano más tradicional se alarmaron ante la concentración de poder en una sola persona y se conjuraron para asesinarle. El magnicidio se produjo el 15 de marzo (idus de marzo) del 44 a. C., ante la estatua de Pompeyo. Entre los conjurados se hallaba Bruto, su ahijado. Es célebre la frase pronunciada por César cuando, herido de muerte, vio a Bruto entre los asesinos: Tu quoque, fili?


La muerte de César supuso un vacío de poder. Tres fueron los aspirantes a suceder al dictador: Octavio, sucesor previsto por César; Marco Antonio y Lépido, ambos lugartenientes de César. Los tres conformaron el Segundo Triunvirato –magistratura oficial durante cinco años; el Primer Triunvirato había estado formado por Craso, César y Pompeyo, décadas atrás-. La retirada de Lépido trajo consigo una nueva guerra civil, entre Octavio, que contaba con el apoyo del Senado, y Marco Antonio, que contó con el apoyo de Cleopatra. Ambos amantes fueron derrotados por Octavio en la batalla de Accio. Octavio fue designado princeps (literalmente, ‘primer ciudadano’) el 27 a. C. Se iniciaba una tercera etapa en Roma: el Imperio.

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