miércoles, 21 de octubre de 2015

UNA DE ARENGAS, ¡POR SAN CRISPÍN!



Redoblen los tambores y suenen los clarines, resuene el olifante y llame a la batalla, pues por allí se asoma, amigos, el día de San Crispín. Será el domingo 25 de octubre y entonces celebraremos el sexcentésimo aniversario de la heroica batalla de Agincourt (1415), en la que un mermado ejército inglés comandado por Enrique V derrotó a las, en principio, muy superiores fuerzas francesas. 
Cuentan los libros de historia que la clave de tan inesperada victoria fue la destreza de los arqueros ingleses, más capaces que una caballería francesa entorpecida por la lluvia y el barro. Sin embargo, el más célebre dramaturgo que en el mundo ha sido, William Shakespeare, le atribuye el mérito de la victoria a la arenga que, poco antes de la batalla, pronunció el mismo rey Enrique V ante sus desanimados hombres. 

Para aquellos que no sepáis lo que es una arenga, es lo que los horteras manuales de autoayuda llamarían discurso de motivación. Nosotros, ya lo sabéis, reivindicamos lo simple, así que nos quedamos, por supuesto, con el término arenga, y reivindicamos también la magia y el poder de la palabra, así que estamos encantados de darle a Shakespeare y a su locuaz Enrique V el crédito que la Historia le ha dado a la estrategia militar. Os dejo con Su Majestad, tal cual lo representa para la gran pantalla Sir Kenneth Branagh. 



En opinión de quien os habla, es esta la arenga más hermosa jamás escrita, pero, por supuesto, no la única. El cine, de hecho, está plagado de discursos de este tipo y aquí os dejo una selección que espero funcione como es debido y os inspire en vuestro particular día de San Crispín la próxima semana: el primer y temido examen de latín. ¡A trabajar, valientes!

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